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CTM Internacional GUY RYDER: AMENAZAS AL EMPLEO
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GUY RYDER: AMENAZAS AL EMPLEO

Habrá que repensar las relaciones laborales si cunde el ejemplo de Uber”, dice Guy Ryder, director general de la OIT, y lanza un debate sobre el mundo del trabajo que nos espera, para profundizar dicho debate reproducimos para la web de la CTM, una entrevista llevada adelante en la edición del 13 de noviembre de 2016 en “EL PAIS” de Madrid, y en la cual plantea escenarios inquietantes para el futuro del mundo del trabajo.

Guy Ryder, nació en Liverpool, Reino Unido, el 3 de enero de 1956, es el 10° Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Anteriormente desempeñó los cargos de Secretario General de la Confederación Sindical Internacional (CSI) (de 2006 a 2010) y de Secretario General de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) (de 2002 a 2006).

Nacido en Liverpool (Reino Unido) en 1956, Guy Ryder estudió Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad de Cambridge y Estudios sobre Latinoamérica en la Universidad de Liverpool. Habla francés y español, además de inglés, su idioma materno. Comenzó su trayectoria profesional en 1981 como asistente en el Departamento Internacional del Congreso Sindical en Londres.

En 1985 Guy Ryder fue nombrado Secretario de la Sección de Comercio e Industria de la Federación Internacional de Empleados Comerciales, Administrativos, Profesionales y Técnicos (FIET), en Ginebra. En 1988 pasó a ser Director Adjunto, y en 1993 Director de la Oficina en Ginebra de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL).

Guy Ryder comenzó a trabajar en la Organización Internacional del Trabajo en 1998 como Director de la Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) y, en 1999 pasó a desempeñar el cargo de Director de la Oficina del Director General. En este período se puso en marcha el Programa de Trabajo Decente de la OIT, que contó con una gran acogida por parte de la comunidad internacional.

Ryder fue nombrado en 2002 Secretario General de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres en Bruselas, en la que lideró el proceso de unificación mundial del movimiento sindical internacional democrático. También fue una figura destacada del Llamamiento Mundial de Acción contra la Pobreza (GCAP), en cuyo nombre habló en la Cumbre Mundial de 2005. Fue designado primer Secretario General de la Confederación Sindical Internacional al establecerse la misma en 2006. Promovió la participación de diversas delegaciones sindicales internacionales en conversaciones de alto nivel con la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, así como en las Cumbres de Líderes del G20.

En septiembre de 2010 Guy Ryder regresó a Ginebra en calidad de Director Ejecutivo de la OIT, encargado de la labor relativa a la normativa laboral internacional y los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Entre otras actividades, supervisó la aplicación de los Convenios y las Recomendaciones de la OIT. También dirigió varias misiones de alto nivel de la OIT para abordar una serie de cuestiones sobre normativa laboral en países como Bahrein, Colombia, Fiji, Georgia, Grecia, Myanmar y Swazilandia.

Guy Ryder fue elegido Director General de la OIT por el Consejo de Administración de dicha Organización en mayo de 2012, y asumió el cargo el 1 de octubre de 2012. Al hacerlo, se comprometió a que la Organización Internacional del Trabajo fomentara activamente la adopción de medidas prácticas basadas en sus principios y a garantizar su capacidad para mejorar la situación laboral de la población en todos los continentes. A tal efecto, puso en marcha un decisivo proceso de reformas encaminadas a velar por la autoridad de la OIT en todas las cuestiones relativas a su mandato.

ENTREVISTA. “EL PAIS”, 13 de Noviembre de 2016.

Pregunta. Cuando accedió al cargo, decía que era pesimista sobre el futuro. ¿Lo sigue siendo?

Respuesta. Los grandes desafíos del mundo del trabajo esperan respuesta. Han pasado ocho años de la crisis de 2008 y la economía mundial sigue creciendo a niveles muy bajos, las tasas de paro siguen muy altas. Los últimos años no han sido positivos.

P. ¿Qué desafíos?

R. El empleo y, sobre todo, el empleo juvenil. Hay casi 200 millones de personas sin trabajo en el mundo. Es un drama que necesita respuestas. Otro es que el mundo del trabajo genera desigualdades sociales. Eso tiene consecuencias sociales, económicas y políticas. Coincido con el FMI en que la desigualdad es un obstáculo al crecimiento económico.

P. ¿Por consecuencias políticas entiende la victoria de Donald Trump?

R. Totalmente. Y el Brexit. Son consecuencia de que gran parte de nuestras sociedades se consideran olvidadas en lo económico y social. Mucho de eso viene del mundo del trabajo. Son señales políticas evidentes y sería irresponsable cerrar los ojos.

P. En la iniciativa sobre El futuro del trabajo, dice la OIT que la desigualdad genera muchos comentarios y escasas soluciones.

R. Hay muchas declaraciones del FMI con advertencias sobre los peligros de la desigualdad, pero no recomendaciones del Fondo y otros organismos para corregirlas. De la OIT, sí. Hay que dar énfasis a la generación de empleo de calidad, mirar las políticas de negociación colectiva, los salarios mínimos, la protección social.

P. ¿Una renta mínima puede ser una de esas recetas?

R. Es un gran debate que vamos a tener. Hay dos puntos de vista: unos dicen que con políticas de salarios y negociación colectiva tenemos que corregir las desigualdades; otros, que vivimos transformaciones en el mundo del trabajo que hacen ineficaces las políticas tradicionales. Y la renta mínima es una opción.

P. ¿No le parece arriesgado que el trabajo no dé para vivir?

R. Mucho. Pero el tema está planteado. En las últimas décadas las políticas que se aplican no dan el resultado adecuado.

P. ¿Usted no se posiciona?

R. No, es muy pronto. Entretanto hay que aplicar mejor las políticas que ya conocemos.

P. Hay vaticinios muy pesimistas sobre el empleo que se va a perder por la tecnología.

R. No hay que reducir el debate a si la tecnología va a destrozar empleo. La tecnología va a condicionar el futuro. Pero el futuro que tendremos será el resultado de lo que decidamos. Es un debate político, no de tecnologías. El ejemplo de Uber nos plantea grandes cuestiones. Vuelve a haber dos posibilidades y, una vez más, no hay grandes consensos. O Uber es un piloto de algo que se va a generalizar en el futuro o es una anécdota. Si se generaliza, tendremos que repensar muchas de las instituciones que regulan las relaciones laborales. Tendremos que buscar nuevas formas de ordenar el mundo del trabajo.

P. ¿Cómo?

R. Planteémoslo de forma sencilla. De nuevo, hay dos posibilidades. Una es que en el futuro del trabajo hay empleadores y empleados, ambos diferentes, pero con la misma fisonomía de hoy. La otra, que el empleo sea una relación puramente comercial que dura solo lo necesario. Eso mercantilizaría las relaciones laborales. Es otro mundo del trabajo.

P. ¿No teme que esto genere más desigualdad?

R. Depende de las políticas que apliquemos. Y eso lo estamos viendo. En algunos países han tomado decisiones para decir, por ejemplo, que los chóferes de Uber sean empleados y tengan derechos. Esto ha sido decisión de un tribunal [en referencia a la sentencia de Reino Unido que obliga a la empresa a contratar como empleados a los conductores que antes consideraba autónomos], pero también representa una opción que podemos adoptar.

P. ¿Hay que conformarse con niveles de precariedad altos?

R. Me niego a tomar como fatalidad cosas que son malas. Esto no es un aspecto inevitable de la modernidad del mundo del trabajo. No. Hay que decidir y no pensar que esto se nos impone. La historia demuestra lo contrario. No veo la regresión social como algo inevitable.

P. ¿Ha llegado el momento de equilibrar algunas de las medidas tomadas en España?

R. En la nueva situación política, el Gobierno y los actores sociales tendrán la voluntad y los espacios para implicarse en procesos de diálogo bajo condiciones en que pueden decidir cosas.

P. ¿Y hay que reequilibrar?

R. Las reformas han sido difíciles. Cuando hay crecimiento, más afiliación a la Seguridad Social o perspectivas de creación de empleo, se abren espacios. Pero no creo que deba decirlo yo, desde Ginebra, sino el Gobierno y los agentes sociales.

P. Está creciendo el empleo. ¿Pero no cree que España tiene un problema con su calidad?

R. Totalmente. El elemento cuantitativo es importante. Nadie puede decir que si baja el paro en España o en otro país, eso no es positivo. Aquí hablamos del trabajo decente y hay que estar muy atento a la calidad del empleo (estabilidad, salarios, perspectivas de formación y progreso). No se puede reducir la cuestión a la cantidad, también a la calidad. Y no se va a ganar más calidad haciendo recortes.